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Exposiciones 2005

Biblioteca en Guerra

Imagen gráfica de la exposición

Del 15 de noviembre de 2005 al 19 de febrero de 2006

Con el fin de contextualizar adecuadamente la época, Biblioteca en guerra amplía su mirada a otras bibliotecas españolas y, en general, a todo el conjunto de importantísimas actuaciones emprendidas en el campo bibliotecario por la República Española: creación de nuevas bibliotecas, campañas de fomento de la lectura como las emprendidas por Misiones Pedagógicas, bibliotecas populares impulsadas tanto por municipios como por sindicatos y, por último, ya en plena guerra, las bibliotecas en el frente, dirigidas a milicianos y soldados. Con todo ello aspiramos a recuperar el espíritu de una época fuertemente impregnada de una profunda fe en la capacidad formadora del libro y la lectura y en el vehículo imprescindible para lograrlo: las bibliotecas públicas.

El túnel del tiempo

A la exposición se accede a través de un espacio preliminar, una suerte de «túnel del tiempo», que nos arranca mentalmente del presente, mediante una rápida inmersión en voces e imágenes de la época, y nos sitúa en el 23 de abril de 1931, primer día del libro del periodo en que se inscribe la muestra, dejándonos en ese preciso día y en presencia de quienes van a ser los grandes protagonistas de la exposición y nos han de acompañar en ella como guías: Tomás Navarro Tomás, director de la Biblioteca Nacional y Secretario de la Junta para Ampliación de Estudios durante el periodo 1936-1939, y otros cuatro destacados bibliotecarios impulsores de los grandes proyectos de la época: Juan Vicens, Teresa Andrés, Jordi Rubió y María Moliner

 

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Bibliotecas para una República

Este apartado se centra en las brillantes actuaciones y el gran impulso modernizador (con actividades tan actuales como la «hora del cuento», los bibliobuses, el establecimiento de bibliotecas en cárceles y hospitales, etc.) promovido por el gobierno a través del Ministerio de Instrucción Pública entre 1931 y 1936. Se encontrará aquí, por ejemplo, una sección sobre las Bibliotecas de Misiones Pedagógicas que el Patronato de Misiones iba dejando en los pueblos, sobre su labor, su filosofía y las personas que participaron en las misiones. Se ofrecen también, en otra sección sobre Bibliotecas Municipales, datos sobre su creación y desarrollo, sobre la creación de la Junta de Intercambio y Adquisición de Libros, sobre la extensión de servicios bibliotecarios, el impulso al desarrollo de la lectura, etc. Y no se olvidan tampoco, en una tercera sección dedicada a Bibliotecas proletarias, de asociaciones…, las acciones «extraoficiales» promovidas por toda suerte de grupos (y a veces por iniciativas puramente personales): bibliotecas, muy modestas en ocasiones, pero levantadas y mantenidas con total entusiasmo.

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Biblioteca en guerra

En este apartado, el central de la muestra, se recogen y valoran las actuaciones en el ámbito bibliotecario realizadas durante la Guerra Civil por el Ministerio de Instrucción Pública y otras instancias, gubernamentales o no, como la Generalitat de Catalunya, los órganos rectores del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, la asociación Cultura Popular, etc. Se desarrolla en tres líneas paralelas, cada una de ellas presidida por el perfil biográfico intelectual de alguna personalidad señera: La primera, La Biblioteca Nacional, presidida por la figura de Tomás Navarro Tomás, narra sobre todo las labores de protección, rescate y salvaguardia del patrimonio documental desarrolladas por la primera institución bibliotecaria de España. La segunda línea, Bibliotecas en los frentes, muestra una doble faceta: bajo la figura de Teresa Andrés se narra la labor bibliotecaria (como la de Cultura Popular), desarrollada en los frentes en todo el territorio republicano salvo en Cataluña, que tenía transferidos los servicios en ese campo; y al amparo de Jordi Rubió se da cuenta de lo realizado en dicho ámbito a través del Servei de Biblioteques al Front de la Generalitat. Finalmente, una última línea argumental, La lectura pública, nos permite conocer bajo los auspicios de María Moliner toda la labor desarrollada a favor de las bibliotecas y la promoción de la lectura en tan difíciles circunstancias, con hitos como la creación en febrero de 1937 del Consejo Central de Archivos, Bibliotecas y Tesoro Artístico, la disposición legal más importante en materia de bibliotecas promulgada por la República durante la guerra.

Epílogo: fin y exilio

Las tres líneas argumentales del apartado anterior se unen finalmente en un desenlace común: la derrota que marca el final de la muestra y también la conclusión, tan a menudo trágica, de los empeños de los muchos protagonistas (instituciones, asociaciones, personas), notorios o menos notorios, con cuyos trabajos y desvelos hemos convivido a lo largo de la exposición. Una Galería de destinos nos da cuenta de su proyección de futuro: sus logros, su labor seminal, su ejemplo; pero también los trabajos malogrados, las empresas fallidas, las esperanzas abatidas por la represión y el exilio.

 

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Conjugaciones

Finalmente, a lo largo de toda la exposición, al modo de una veta que atraviesa los sucesos acaecidos entre 1931 y 1939, el visitante irá encontrando documentos, fotografías o textos alusivos a guerras actuales, ubicados en la muestra por su semejanza o correspondencia con lo ocurrido entonces, con el propósito de recordar que lo sucedido en aquellos años puede suceder nuevamente —que está sucediendo ahora, como en las bibliotecas de Berlín, Sarajevo o Bagdad— y que las bibliotecas nacionales, depositarias del patrimonio cultural de los pueblos, son a menudo víctimas del poder destructor de la guerra.