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Exposiciones 2006

Los Códices da Vinci

23 de septiembre de 2006

Madrid celebra el día 23 de septiembre La noche en blanco Madrid. La noche de Las Artes, una cita nocturna con las artes que invita a pasear y a disfrutar de la capital. Con esta iniciativa, la capital española se suma a la red de ciudades que conforman el programa Noches Blancas Europa, junto a París, Bruselas, Roma y Riga.

Con motivo de esta celebración la Biblioteca Nacional presenta los dos códices de Leonardo da Vinci que custodia en su colección.

Los códices “Madrid” I y II de la Biblioteca Nacional

Manuscritos emblemáticos de la colección de fondos antiguos de la Biblioteca Nacional, son dos cuadernos de notas y dibujos, diferentes entre sí en cuanto a contenido y época, y redactados en la característica escritura leonardesca invertida, o “de espejo”. Numerosas teorías a través del tiempo, han intentado aclarar el por qué de la extraña y personal forma de escribir de Leonardo, que mediante un espejo, se lee con relativa facilidad La hipótesis más razonable, basada en el testimonio de Luca Pacioli, es que fuera zurdo y, de este modo, evitara emborronar con su propia mano lo que iba escribiendo.

Después de una agitada historia, un precioso lote de sus manuscritos se encontraba en España, a finales del siglo XVI. Por desgracia, sólo han permanecido entre nosotros, los dos códices Madrid, que en 1633 fueron vistos por el pintor Vicente Carducho, en casa del estrambótico noble y apasionado coleccionista madrileño, Don Juan de Espina , que murió sin descendencia , y dejó una buena parte de su colección al rey Felipe IV, pasando así, a formar parte de la Biblioteca Real, posteriormente núcleo de la Biblioteca Nacional. A su excepcional valor artístico y documental, hay que añadir el hecho de que estos manuscritos, constituyen la única obra de indudable atribución a Leonardo existente en nuestro país.

Ambos en papel, miden 222 x 155 mm, y constan de 191 folios el I y 157 el II y pueden datarse entre los años 1491 y 1505. En ellos, son fundamentales los innumerables dibujos y croquis a tinta, bocetos unos y minuciosos otros. Primero dibujaba y a continuación añadía los textos explicativos en los huecos que dejaban las ilustraciones. Como cada página constituía una unidad, a veces Leonardo se veía obligado a rellenar los espacios hasta el punto de distorsionar lo escrito. Normalmente escribía una página y dejaba las siguientes en blanco para completar el tema en un futuro próximo, que no solía llegar nunca, así que, tiempo después, aprovechaba los huecos para anotar otros asuntos.

El Madrid I , un verdadero tratado de estática y mecánica, contiene los mejores y más contundentes dibujos, a tinta negra. Son detalladísimos esquemas de diversos mecanismos y artilugios, como tornillos sin fin, cadenas de tracción, máquinas textiles, maquinaria de relojería, armas , cerraduras, que ocupan en ocasiones la casi totalidad de la página, y cuyas diversas piezas están numeradas con letras del alfabeto y las correspondientes explicaciones en el texto que les acompaña. También hay una parte teórica con mayor densidad de texto, y dibujos que no pasan de ser rápidos apuntes sobre diversos temas como la gravedad.

El códice Madrid II, está compuesto por 2 partes diferentes, la segunda de las cuales, el cuadernillo que trata de la fundición del caballo Sforza , a sanguina, es un claro añadido de fecha imprecisa.

Además de varias vistas y paisajes, hay algunos mapas entre los que destacan por su belleza y colorido, el del Valle del Arno, y un Plano de Pisa con la desembocadura del Arno, que nos recuerdan que hacia 1503, Leonardo estaba inmerso en una de sus utopías, el proyecto de desviar el río Arno y construir un canal que uniera Florencia al mar.

Hay dibujos de arquitectura e ingeniería militar, otros de geometría, en especial sobre algunos problemas como “la cuadratura del círculo”, que le preocupaban especialmente, y algunos acerca del vuelo de los pájaros, el movimiento de las olas, o instrumentos musicales.

En los primeros folios anota la lista de los libros, 116 en total, que dejaba en Florencia, y que constituyen un catálogo de su Biblioteca, y en suma, de las materias que le interesaban, que eran casi todas.