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Piezas del mes de 2007

Contrastes de la vida, de Alejandro Ferrant Fischermans

 

La pieza del mes de octubre del Museo de la Biblioteca Nacional es: Contrastes de la vida, obra de Alejandro Ferrant Fischermans.

Marta de la Fuente Muñoz, especialista en dibujo del Servicio de Dibujos y Grabados será la encargada de explicar la trayectoria del artista y su obra, el día 25 de octubre a las 18:30 h., en la conferencia titulada “Alejandro Ferrant Fischermans, pintor madrileño del siglo XIX”. Así mismo, presentará la pieza seleccionada los domingos 7, 14, 21 y 28 de octubre a las 12:30 h. en la Sala de las Musas del Museo de la Biblioteca Nacional.

Entrada gratuita. Sala de Actos del Museo de la Biblioteca. Aforo limitado de 64 asistentes.

 

 

 

Alejandro Ferrant Fischermans, pintor madrileño, nació el 9 de septiembre de 1843 dentro del seno de una familia de artistas. Durante su formación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando (1857-1866), ya se le reconoció su valía con tres primeras medallas en los años 1862, 1864 y 1866 ganadas en el concurso convocado por la Academia de Bellas Artes de Cádiz. Al mismo tiempo, se presentó en 1864, a las Exposiciones Nacionales consiguiendo una medalla de tercera clase por el retrato de su tío, el pintor Luis Ferrant; y una de segunda clase en 1867, por la obra Toma de una galeota de moros por el pueblo de Cádiz.

Todos estos méritos fueron alegados, para conseguir la plaza de pensionado de mérito por la pintura de historia en la Academia de Bellas Artes de Roma. Su estancia allí duró tres años, hasta 1877, cumpliendo con los trabajos que le marcaba la Academia romana, destacando con su segundo envío reglamentario San Sebastián extraído de la Cloaca Máxima, por el que obtuvo medalla de primera clase en la Exposición Nacional de 1878.

En 1880 la Academia de Bellas Artes de San Fernando le eligió Académico de número para ocupar la plaza que quedó vacante tras el fallecimiento de Valentín Carderera, pronunciando para tal fin el discurso Reflexiones sobre la pintura decorativa.

Consiguió otra primera medalla en la Exposición Nacional de 1892 con la obra Cisneros, fundador del Hospital de Illescas. En 1903 fue nombrado director del Museo de Arte Moderno. El 10 de abril de 1915 el Círculo de Bellas Artes le rindió un homenaje en el que se reconocía la labor artística de toda una vida. El 20 de enero de 1917, murió en Madrid a la edad de setenta y tres años.

A pesar de conseguir un gran prestigio en su época, la fortuna crítica del siglo XX le perdió, entre otros muchos pintores españoles ochocentistas, que necesitan encontrar ese lugar que hoy, en pleno siglo XXI, se tiende a relegar en la historia del arte, olvidando que entre Goya y Picasso surgió toda una generación de artistas que han de recuperar su lugar en el panorama artístico español.

Con sólo un recorrido por las calles de Madrid, encontraremos al Ferrant que decoró el Salón de Baile de los Marqueses de Linares (actual Casa de América), el techo del Ministerio de Fomento (actual Ministerio de Agricultura); el altar mayor, y las Sibilas y Profetas de la cúpula de San Francisco el Grande; el altar mayor de la Basílica Pontificia de San Miguel; La última comunión de San Fernando en el Senado; el oratorio del Palacio del Pardo, etc. Sin olvidarnos de la mayoría de las pinacotecas madrileñas que guardan entre sus fondos las mejores obras del artista (Museo del Prado, Romántico, Municipal, Palacio Real, Artes Decorativas, Academia San Fernando, etc.).

El dibujo Contrastes de la vida ingresó en la Biblioteca Nacional mediante compra a la Galería Christie´s en el año 2004. Sólo se conocía la existencia de la obra a través de la prensa del momento (Ilustración Española y Americana, 8 de enero de 1897, p. 13, con reproducción fotográfica, pp. 14-15), pero estaba en paradero desconocido.

Ferrant formó parte de los dibujantes que inauguraron y enriquecieron, junto con los litógrafos, uno de los más fértiles caminos del arte contemporáneo: la ilustración gráfica. Los primeros documentos gráficos que se insertaron en la prensa, las ilustraciones, no sólo son una fuente de documentación sobre el arte o búsqueda de obras reproducidas en ella, sino también el reflejo del gusto estético de una época.

La escena de género centra su atención en una elegante dama que baja de su carruaje para entrar en el prestigioso Restaurante madrileño Lardhy, ajena a los viandantes que pasan por delante de su puerta: una humilde madre lleva a su bebé en el brazo derecho, y acoge con el otro a su hijo de corta edad, mientras dos hombres transportan una camilla cubierta por una manta.

Ferrant utiliza una fantástica iluminación artificial, de tonos plomizos y sombríos, con un acusado uso del negro para subrayar el dramatismo, unos brillos magistralmente captados en la figura central y en la luz proveniente del restaurante. La obra está resuelta con una excelente factura, principalmente de pincelada deshecha y rápida, pero a base de trazos largos e insistidos define perfectamente los volúmenes y se recrea en su maestría al definir detalles como los arquitectónicos de la fachada del restaurante, los pliegues de las telas, o los elementos decorativos del escaparate.

Hay una ligera crítica social, una velada intención acusadora en el contraste entre la riqueza y la miseria, una realidad del contexto social madrileño que aún hoy en día nos resulta muy cercana.