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Eduardo Mendoza, Premio Cervantes 2016

21/04/2017

“Lo que menos me gustó fue mi discurso porque ya lo había oído”, ha comentado hoy Eduardo Mendoza haciendo referencia a la jornada de ayer en la que recibió el Premio Cervantes 2016 de manos del rey.

Mendoza, que “nunca ha recibido una reacción negativa de nadie”, ha admitido que “le gusta intercalar divertimento entre obras más o menos serias aunque si escribiera solamente novelas de humor no estaría cómodo conmigo mismo”.

El escritor se ha mostrado muy preocupado ante la situación de la literatura en España puesto que “se está perdiendo la literatura en favor de la lectura cuando la primera debería volver a ser una asignatura en los colegios”. Para él, “no es importante que la gente lea, es importante que los que tienen que leer lean y lo hagan con sabiduría; sin embargo, esto no sucederá si en la enseñanza no se hace hincapié en los clásicos, en libros difíciles pero enriquecedores”.

Fernando Benzo, secretario de Estado de Cultura, ha presentado al recién galardonado, “un escritor único que hace reír de verdad con sus obras”, en la rueda de prensa que ha tenido lugar en la Biblioteca Nacional de España.

Sin ser miembro de la Real Academia Española y sin ganas de serlo porque “no hay nada nuevo que pueda aportar”, Mendoza ha confirmado que no podrá acudir este año a la Feria del Libro de Madrid. Además, ha afirmado que “si bien es cierto que en la Feria del Libro son los escritores mediáticos los que tienen más éxito, sus libros son coyunturales y tienen una vida muy corta, mientras que los libros de siempre se venden todo el año”.

Benzo ha entregado a Mendoza varios regalos proporcionados por la BNE: una lámina homenaje a su novela La ciudad de los prodigios, un ejemplar del diario El País de 1976 con la primera crítica literaria que Mendoza recibió de su obra La verdad sobre el caso savolta y un libro en blanco completamente artesanal realizado por el departamento de Restauración y Encuadernación de la BNE “para que el galardonado escriba pronto algo maravilloso que, como cualquier escrito, tendrá un gran valor y deberá ser conservado y transmitido”, ha afirmado Ana Santos Aramburu, directora de la Biblioteca Nacional de España.