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Un museo en miniatura: el libro de horas de Carlos V

09/10/2019
Cartela de la exposición Un museo en miniatura: el Libro de horas de Carlos V

La restauración de uno de los manuscritos iluminados más importantes de la Biblioteca Nacional, el Libro de horas de Carlos V, ha obligado a desmontarlo y por ello treinta y dos de sus hojas pueden ser expuestas por separado en una oportunidad única, ya que será reencuadernado tras su restauración. Además de estas hojas la exposición presenta una estampa con un retrato del emperador, así como la rica encuadernación del códice, con elementos de plata sobre terciopelo.

El emperador Carlos V atesoró una importante biblioteca personal, conservada en parte en el monasterio de El Escorial, en la que se hallaban algunos importantes manuscritos iluminados y varios libros de horas, el libro de rezos más habitual entre los fi eles de la época. Este libro no fue encargado por el emperador pero debió estar en su poder tal y como atestigua una anotación al comienzo del mismo. Posteriormente el códice pasó a manos de los cardenales François de Joyeuse y Francesco Xaverio de Zelada, que lo legó a la catedral de Toledo. Se encuentra en la BNE desde 1869.

El libro, realizado en un taller parisino hacia 1500, posee una extraordinaria riqueza de imágenes, más de 1.200, muchas de ellas de gran originalidad iconográfica. Comienza con un calendario, ilustrado de forma singular ya que, junto a los ciclos habituales con los signos del zodiaco y los trabajos de los meses, se desarrolla la historia de dos hermanos, uno bueno y piadoso, que terminará por ascender al cielo, y otro disoluto y lujurioso que acabará sus días en el infierno. El resto de las imágenes tampoco sigue los temas tradicionales de los libros de horas y plantean un complejo discurso teológico que servía al fi el que lo utilizaba como guía de su vida cristiana.

En este sentido puede seguirse buena parte de la iconografía bíblica, desde las escenas del Génesis en torno a Adán y Eva hasta el relato de los Evangelios e incluso algunas escenas de la historia de los primeros siglos del cristianismo como la leyenda de la Santa Cruz. Además el libro contiene, como es habitual, un "Oficio de difuntos", ilustrado con diferentes temas mortuorios. En este caso la iconografía es muy variada e incluye temas de raigambre medieval como el "Encuentro de los tres vivos y los tres muertos" y la "Danza de la muerte", en la que la figura alegórica de un esqueleto arrastra a las distintas clases sociales.

El último apartado está dedicado a los "Sufragios de los santos", oraciones destinadas a suplicar su intercesión, muchas veces para problemas muy concretos, como enfermedades y otras desgracias. En ocasiones aparece la mera efigie del santo, pero otras veces se encuentran distintos episodios relacionados con milagros, martirios, etc.

El libro ha sido definido como una “antología de la iluminación parisina en torno al año 1500”, un auténtico museo en miniatura en el que colaboraron varios de los mejores artistas del momento, cuyos nombres no
conocemos, por lo que son denominados con apelativos convencionales. Se trata del Maestro de Martainville, el Maestro de la Crónica Escandalosa, el Maestro de Robert Gaguin, el Maestro Morgan 388 y el Maestro de Jacques de Besançon.