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Manuscritos y archivos personales

Manuscritos y archivos personales

La colección de manuscritos de la Biblioteca Nacional es una de las colecciones más ricas de España.

Detalle del Beato de Liébana : códice de Fernando I y Dña. Sancha. s. XI (1047)

Detalle del Beato de Liébana : códice de Fernando I y Dña. Sancha. s. XI (1047)

Esta colección está formada por unos 1.600 códices medievales, muchos de ellos con miniaturas, más de diez mil manuscritos dramáticos, innumerables autógrafos, gran cantidad de documentos históricos y genealógicos, y un variado conjunto de archivos personales.

El fondo inicial se formó con las colecciones reales, a las que se unieron a comienzos del siglo XVIII los manuscritos que habían acompañado a Felipe V desde Francia y los procedentes de las bibliotecas nobiliarias incautadas en la Guerra de Sucesión, en especial las que pertenecieron al Marqués de Mondéjar y al Duque de Uceda; ésta última incluyendo los códices y libros impresos procedentes de la catedral de Mesina y que contiene, entre otros, una valiosa colección de manuscritos griegos que Constantino Lascaris había donado, antes de morir a la ciudad de Mesina y la colección de manuscritos de interés histórico reunida por el eclesiástico portugués Jerónimo Mascareñas.

En este mismo siglo XVIII se incorporarán otras colecciones importantes por la compra de bibliotecas privadas, gracias al derecho de adquisición preferente que se impuso a los tasadores de bibliotecas.

Mapa de Ptolomeo

Mapa de Ptolomeo

En 1736 se inician los trámites para la adquisición de la biblioteca del condestable Juan Fernández de Velasco, ingresando el fondo por medio de dos compras: una en 1736 y otra en 1741. Este mismo año de 1741 se adquiere la de Juan Isidro Yañez Fajardo, biblioteca de interés para el estudio de la historia de Aragón.

Dos años después se inician los trámites para la compra de la biblioteca de Andrés González de Barcia y en los años sucesivos las de Juan Alfonso de Guerra y Sandoval que aporta un fondo nobiliario de importancia y la del XIII Conde de Miranda, Antonio López de Zúñiga con abundancia de manuscritos de origen italiano debido a la presencia como virrey de Nápoles de uno de los condes.

Otra fórmula para incrementar la colección en el siglo XVIII fue el canje y la permuta, procedimiento que iba a resultar sumamente beneficioso para la Biblioteca Real. La primera permuta de importancia tiene lugar entre 1735 y 1737 y se realiza con el Convento dominico de Santo Tomás de Ávila. La segunda gran permuta se realizará en 1739 y se completa con otra realizada en 1753 con el Convento de San Vicente Ferrer de Plasencia. Por donativo ingresan los papeles de Andrés Marcos Burriel, en su mayoría copias de documentos mandadas realizar por él en el archivo Capitular de Toledo y otros archivos.

Libro del juego de las suertes

Libro del juego de las suertes

La colección seguirá incrementándose en el siglo siguiente. En 1849 se incorpora por compra la biblioteca particular de J.N. Böhl de Faber gracias a las gestiones realizadas por Juan Eugenio Hartzenbusch. Será también Hartzenbusch quien realice la adquisición de la biblioteca de Agustín Durán en la que sobresale de manera especial la colección de comedias sueltas y de manuscritos literarios.

Las gestiones de Cayetano Rosell van a permitir el ingreso de 822 manuscritos de la biblioteca de Serafín Estébanez Calderón y en 1866 se adquiere la de Pedro Caro y Sureda III Marqués de la Romana que había estado depositada en el Ministerio de Fomento.

Acontecimiento importante es el que se produce en 1869 cuando las leyes de incautación de los archivos, bibliotecas y objetos artísticos pertenecientes a la Iglesia harán posible el ingreso en la Biblioteca Nacional de más de 200 manuscritos pertenecientes a la Biblioteca Capitular de Toledo. Aunque posteriormente se ordena su devolución, permanecen en la sección muchos de estos manuscritos, todos de gran antigüedad y de enorme interés histórico y codicológico.
El siglo se iba a cerrar con importantes adquisiciones: en 1886 se adquiere la biblioteca de la casa ducal de Osuna e Infantado. Con ella ingresa la biblioteca del Marqués de Santillana y la biblioteca de los condes de Benavente y entre 1895 y 1900 se incorporará la Biblioteca de Pascual de Gayangos.

En el siglo XIX se producen también dos importantes donativos que van a enriquecer de forma considerable la colección de manuscritos: en 1873 la biblioteca de Luis Usoz y Rio donada por su viuda y en 1894 los papeles de Francisco Asenjo Barbieri.

El siglo XX se abre con nuevas incorporaciones: la adquisición en 1908 de los manuscritos autógrafos de José Amador de los Ríos y en 1912 de Narciso Campillo. Desde esta fecha no se producen nuevas incorporaciones hasta 1960 con la donación del códice del Cantar de Mio Cid por la Fundación Juan March.

Machado, Antonio (1875-1939). Sonetos escritos una noche de bombardeo en Rocafort (Valencia), marzo de 1938

Machado, Antonio (1875-1939). Sonetos escritos una noche de bombardeo en Rocafort (Valencia), marzo de 1938

Si algo caracteriza a partir de este momento las incorporaciones de manuscritos en la colección es su diversidad. En 1970 ingresa por compra a la familia los manuscritos de Benito Pérez Galdós; en 1973, por donativo los de Jardiel Poncela; en 1981 un importante epistolario de Santiago Ramón y Cajal; al año siguiente la donación de los papeles de Juan José Domenchina; en 1984 se compra el archivo personal de Adriano del Valle y un año después el de Rafael Alberti, de Celestino, Juan Antonio y José María Espinosa Echevarría y de Manuel Gil Gala. En 1985 se adquiere una importante colección de comedias autógrafas de Alfonso Paso y al año siguiente ingresan por compra las 36 cartas conocidas de Antonio Machado a Guiomar.

En la última década del siglo XX cobra especial importante el interés por la adquisición de los archivos personales: correspondencia de Ricardo y Leopoldo Gutiérrez Abascal; de Darío Regoyos; de José Ruiz Castillo y otros miembros de la editorial Biblioteca Nueva; de Julián Besteiro; de Emilio Castelar; de Juana de Ibarburu; el de Giménez Caballero y a finales de siglo la compra del archivo de Jorge Guillén que supone un nuevo planteamiento en la catalogación de este tipo de fondos dado su carácter heterogéneo: se comienzan a describir como una unidad y se les dota de signatura propia.