Se compone de documentación generada por compositores (Emilio Arrieta, Federico Chueca, Tomás Bretón, Ruperto Chapí, Julián Bautista, etc.), que reunieron intérpretes (José Mardones, Conchita Supervía), musicólogos (José Subirá), aficionados de mayor o menor rango (las bibliotecas musicales de la reina María Cristina, del infante Francisco de Paula de Borbón y la del profesor de música de la casa real Juan María Guelbenzu), y todo tipo de entidades que tuvieron algún protagonismo en la producción, difusión o recepción de la música en España, como el Archivo de Folklore de la Sección Femenina o el archivo administrativo del editor de música Ildefonso Alier.
Existe una variada tipología de materiales en este tipo de colecciones, pero suele ser común a cualquier disciplina -artística o científica-, la correspondencia, los recortes de prensa, las fotografías, grabaciones sonoras en diferentes soportes, magnéticos y digitales, videograbaciones, la documentación personal y profesional, los apuntes, etc. La actividad musical genera, además, otros materiales, y así, entre los papeles de un compositor encontraremos desde los primeros apuntes y esbozos de una creación musical, hasta la obra ya impresa, pasando por borradores, partituras autógrafas y la grabación de sus improvisaciones y ensayos.
Junto a estos fondos históricos, se atesoran los fondos de compositores contemporáneos donados por ellos mismos, Jesús Villa-Rojo, José Luis de Delás, Marisa Manchado, Encarnación López de Arenosa, Gerardo Gombau, José Luis Greco, Antonio Iglesias, entre otros, que enriquecen la colección con sus partituras autógrafas, grabaciones, borradores y escritos diversos, junto a -en muchos casos- programas de mano, un instrumento fundamental para el estudio de la música contemporánea.