Olvida los tambores

Page content

Olvida los tambores

(Fragmento del segundo acto): Intervienen seis personajes: Pepe, Lorenzo, Pili, Tony, Alicia y Nacho.

«[…]  PEPE. —Tú y tu manía del orden... 

LORENZO. —¿No tengo razón? 

ALICIA.  —Sí, hijo, sí. Tú ve abriendo la botella, con mucho taponazo, a ver si nos trae suerte. 

TONY. — Señoras, caballeros, jóvenes, niños, peces, monstruos, amigos todos... ¡Por la razón social Nacho and Pepe and Tony, y por sus triunfos! 

NACHO. —Tendríamos que haber brindado primero por la hermosa dama homenajeada, como se hacía en mis tiempos. PEPE.- Esos tiempos tampoco los has pillado tú, no presumas. 

NACHO. —Es igual, no me estropees el efecto. (A ALICIA.) 

Señora, brindo de todo corazón por su honradez y buena fe ante nuestra confusa época, y hago fervientes votos por la felicidad de su versión particular del matrimonio 

PILI.  —Yo propongo un brindis mucho más interesante. 

(Se produce una breve pausa de expectación. NACHO mira a PILI con interés de entomólogo; ALICIA, esperando con resignación una nueva salida de pata de banco de su hermana; LORENZO, temiéndola, y tanto PEPE como TONY, realmente alarmados. Durante todo este acto, hay una cíara inteligencia tácita entre PEPE y TONY, pendientes ambos de lo que pueda hacer PILI .) 

TONY. —(A PILI.) Bueno, tú ya estás borrachita del todo, ¿eh, rica? Así que no bebas más, y no des más la lata. (Le quita el vaso.) Trae. (Volviéndose de nuevo hacia los otros.) Hala, y ahora...

PILI. —(Sonriendo.) Estás muerto de miedo, ¿verdad, Tony?

PEPE. —(Decidido a echarle un capote a TONY y a salvar la situación como sea) Muertos. Muertecitos de miedo estamos. ¿No nos ves temblar? Mira, tiritando nos tienes a los cinco.

ALICIA. —(Enfrentándose a su hermana PILI.) ¿Por qué iba a tener miedo Tony?

PILI —(Desviando la mirada.) Pregúntaselo a él.

ALICIA. —(Obligándola a mirarla.) Te lo pregunto a ti.

(TONY vuelve a acercarse al grupo formado por ALICIA y PILI, y trata de apartar a ALICIA.}

TONY. —Porque tiene la noche la niña. ¿No ves que tiene la noche? "A ver qué digo para que me miren todos", y abre la boquita y suelta lo que sea. Anda Lorenzo, sé buen chico, llévate a tu señora y que descanse, ¿eh? A ver si descansamos los demás de paso.

De nuevo queda patente que entre Tony y Pepe hay una enorme complicidad. Pepe sabe más de lo que Tony le ha dicho. Se comporta como un verdadero amigo.

PILI. —(Echándose a reír.) ¡Qué noche estás pasando, pobrecito mío! Empiezo a pensar que valía la pena todo, con tal de verte bailar así en la cuerda floja. Él, tan brillante, tan seguro, tan iconoclasta!, asustadísimo y queriendo aguantar el tipo como sea... En el fondo, me das más penita...

(TONY ha renunciado ya a paliar el efecto de las frases de PILI. La mira entre furioso y consternado.)

ALICIA. —(A TONY, empezando a perder el control.) ¿Qué dice?

LORENZO. —(Todavía fuera de onda.) Sí, ¿qué dices, Pili, qué dices? Ya está bien, ¿no? No me parece mal que un día se tome uno unas copas y diga tres tonterías, pero es que te estás pasando.

ALICIA. —(Histérica.) ¿Qué dice, Tony?

PILI. —(Irónica.) Pero ¿cómo? ¿No te lo ha contado? Y yo que creía que os lo contabais todo... ¿No se lo has dicho, Tony? ¿No le has dicho que esta última semana la has pasado conmigo en La Coruña?-

(La "situación difícil" ya se ha producido abiertamente y nadie intenta disfrazar ni paliar nada. NACHO va a sentarse discretamente aparte, en una butaca, llevándose su güisqui y su cigarrillo recién encendido. PEPE, tras su fallida intentona de arreglo, se retira también junto a NACHO. Cambian una mirada. PEPE le insinúa, por gestos, que deberían marcharse, pero NACHO no quiere saber nada y se queda donde está: aparte, pero pendiente de la escena. LORENZO no ha conseguido entender lo que acaba de ocurrir. El significado de la frase de PILI aún no está claro para él. Observa la escena desconcertado.)

TONY. — (A ALICIA, contra toda evidencia.) Es mentira.

ALICIA. —(Echándose a reír de pronto.) ¡Qué bonito! (A TONY, como si éste acabara de gastarle una broma.)

¡Qué conseguido, tú! (Burlonamente solemne.) Parecemos la Orestiada .

(Su intento de frivolizar la situación, demostrarse "europea" es absolutamente patético, mucho más patético dada su juventud y su aspecto de desamparo.) (Desolada de pronto, con los ojos llenos de lágrimas)

¿Tenía que ser mi hermana precisamente...? Sí, claro, tenía que ser mi hermana.

Tú no te andas con tonterías, tú, a lo grande. ¿Y por qué no mi madre, ahora que lo pienso? La mujer está de buen ver todavía. Un poco arrugadilla tal vez, pero arrogante. Y lleva ya diez años viuda. ¿Quién te dice...? (Gritando, completamente fuera de sí.) ¡O las dos! ¿Por qué no las dos?

TONY. — (Dulce, como quien acaba de hacer daño a un niño sin querer.) Alicia, no desbarres. Después hablaremos de esto. Ahora...

ALICIA. —¿Desbarrar? ¡Pero Tony! ¿Qué quiere decir desbarrar? ¡Es que hay cosas que no pueden hacerse! ¿Cuáles? ¿Dónde está el límite, Tony? ¿Dónde lo pones tú? Acláramelo, por Dios, porque te juro que ya no sé qué pensar. ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo, Tony? Me empieza a parecer que tú tampoco lo sabes. Me empieza a parecer que me había hecho una imagen demasiado bonita de ti.

TONY. —Escucha. ALICIA. —(De nuevo desgarrada.) ¿Para qué? ¿Qué me vas a contar? ¿Qué toda tu grandiosa idea de una nueva forma de vida se reduce a irte a acostar con mi hermana?

LORENZO. —(Galvanizado por fin por la última frase de ALICIA, se abalanza sobre ella y la sacude por un brazo.) ¡Pero si es mentira! ¿No te das cuenta de que es mentira, idiota?

TONY. —(Agarrando a su vez a LORENZO y apartándolo bruscamente de ALICIA.) ¡No la toques!

LORENZO. —(Golpeándose contra algún mueble de resultas del empellón, pero sin acusarlo, como si no lo hubiera notado, como si no viese siquiera a TONY Es mentira. Son ganas de epatar. Nada más que ganas de epatar, ¿no lo entiendes? Pili no es capaz de una cosa así. Te lo digo yo. Pili es más infeliz que un cubo. Habla por hablar. No sabe lo que dice. Pero no es capaz... No es capaz...

TONY. —(Reaccionando ante las protestas de LORENZO, feliz, en cierto modo, de poder explotar por algún lado.) ¡Ah, no!, ¿verdad? ¡La santa esposa del probo ingeniero! ¡Incapaz de faltarle ni con el pensamiento! ¡Qué risa! ¡Déjame que te cuente mis impresiones sobre tu santa esposa!

LORENZO. —(Lanzándose sobre TONY, fuera de sí.) ¡Cállate! (PEPE se interpone entre ambos, evitando que lleguen a las manos.)

TONY. —¡No me da, la gana! ¡Llevo muchos años aguantándote a ti y tus rollos sobre "la falta de moralidad de todos esos bohemios", "el reblandecimiento de algunos sectores modernistas de nuestra sociedad", mientras me mirabas con cara de perdonarme la vida! ¡A mí y a Alicia! "¡Qué pena, esta chiquita! De una familia buena, amante del orden..." Y movías la cabeza como si la vieras arder en el infierno. ¿Qué pena por qué, imbécil? "Nosotros, nosotros evitaremos que esta sociedad degenere." ¿Quiénes erais "vosotros"? ¿Tu señora y tú? Pues ahí tienes a tu señora. Te la devuelvo para que la rifes. Me imagino que, a partir de ahora, te vas a quedar mudo.

LORENZO. —(Deshecho, llorando como un niño.) ¡No has demostrado nada! ¿Te enteras? ¡No has demostrado nada! (Por PILI.) Ella no es más que una mujer, no es un grupo. No representa nada. Si es verdad que es una golfa, tú me habrás hecho polvo a mí, pero no habrás demostrado nada. ¡Y sigo pensando que no servís para nada, que estáis locos y que sois un peligro para la humanidad! ¡Y ahora lo pienso mucho más que antes! ¡Mucho más que antes!

(Hay una larga pausa. De pronto, el encanto de la violencia se ha roto y queda sólo la incomodidad de no saber cómo seguir. NACHO los mira sorprendido, un poco decepcionado de esta interrupción.)

NACHO. —(Decidido a que aquello continúe, a que lo lleven hasta el final.) ¿Y por qué mucho más que antes? Tony no es más que un hombre, no es un grupo. ¿O vas a caer tú también en lo mismo? (Mundano, un poco cínico, pero jugando al inocente.) Bueno..., no os importará que intervenga, ¿verdad? (No le contestan. Ño importa: Él no esperaba que le contestaran.)

No, claro, no creo que os importe. En una situación normal, tal vez sí. Tal vez pecara yo de incorrecto al demostrar que sigo aquí. Pero ésta no es una situación normal. (Sonriendo, absolutamente decidido a arrancarles la piel.) Normal, que viene de norma... (Nueva pequeña pausa. Más humano.) ¿Sabéis por qué estáis ahora mudos, mirando al vacío y sin saber cómo continuar? Porque acabáis de romper un molde y os habéis quedado en el aire. Ése es el problema de romper los moldes: Que no se puede uno quedar en el aire indefinidamente... Os confieso que tengo verdadera curiosidad por ver cómo vais a salir de este atolladero.

PEPE. —(A NACHO, rompiendo el silencio con cierta dificultad.) Yo creo que deberíamos...

NACHO. —(Con mucha sorna.) ¿Marcharnos? Sí, tal vez sí. Si las aguas vuelven a su cauce y decidimos todos volver a ponernos el uniforme de entes sociales, sí. Y quizá sea lo mejor, ¿eh? Lo más seguro. En estos casos, vale más no pasarse demasiado de rosca no se sabe hasta dónde podría uno llegar. Jugar un poco a tirar de la manta, pase. Hacerse los valientes, pase. (Toda esto mientras recoge sus cosas diseminadas aquí y allá: tabaco, encendedor, chaqueta, etc., desplegando gran actividad esperando que alguien salte de una vez.)

Pero con una cierta medida. Para todo hay que tener una cierta medida de prudencia. Una cierta medida... convencional . Así que vamos a carraspear, como cuando alguien ha dicho una inconveniencia durante un té, qué palabra tan preciosa, ¿no? Inconveniencia. Adecuadísima para una reincorporación a lo establecido. Vamos, pues, a carraspear, a recoger nuestras cosas con cierta precipitación, entre comprensiva y turbada, y hagamos una salida honrosa, para que esta pareja pueda resolver a solas, en uno de sus dos hogares convencionales, su problema convencional, de una manera convencional. A partir de mañana, ya podremos volver a encontrarnos sin miedo a la situación desairada. Habremos convertido esta deliciosa velada en un tema tabú, y si acaso..., si acaso, haremos mención de ello de una manera paternal e indulgente, alegando que "nos tomamos unas copas y, claro, se armó allí una que para qué". Bueno, ¿nos vamos todos en bloque o lo hacemos por partes? Casi mejor por partes, que quede menos brusco. (Inclinándose en dirección a ALICIA, en plena farsa.) Señora... (Repitiendo la inclinación frente a PILI.) Señora... (Acercándose a PEPE caricaturizando una actitud de circunstancias, con mirada de circunstancias, tono de circunstancias, etc.) Te espero en el portal, procura despachar pronto.

TONY. —(Que hace rato que le mira, habiendo descubierto su juego.) ¡Cómo se escucha, el tío! Parece un loro loco. Cállate ya, ¡Pero si está clarísimo que no te piensas ir! (NACHO suspira aliviado y vuelve a dejar su gabardina sobre algún mueble.) No me importa que me llamen convencional. Como no me ha importado nunca que me llamaran esnob. No me importa nada lo que me llamen, sea lo que sea.

NACHO. —Eso, hijo mío, lo has demostrado ampliamente.

(ALICIA se ha sentado en el diván, llorando en silencio, como agotada. PEPE y PILI, pasivos, son los que están más incómodos. PILI acaba por tomar una decisión repentina y se mete en la alcoba. LORENZO se ha ido durante el discurso de NACHO sin que nadie se dé cuenta.)

TONY. —Y tampoco me importan las frases pretendidamente oportunas de un señor pretendidamente ingenioso, empeñado en procurarse emociones fuertes a costa de los demás.

NACHO. —¿A esto le llamas tú una emoción fuerte? Cómo se ve que eres muy joven...

TONY. — De lo que sí empiezo a estar un poco hasta las narices, es de que hayas decidido repartirme a mí el papel del malo, como en las películas antiguas. Desde que has entrado por esa puerta la has tomado conmigo, y llevo toda la noche deseando decirte que otra de las cosas que me importan un rábano es tu opinión. (Volviéndose hacia ALICIA, con brusquedad.) Y la tuya también, por si te interesa saberlo. (ALICIA le mira, sorprendida.) No me merece ningún respeto nada de lo que has dicho antes.

NACHO. — (Sin cejar en su afán de obligar a TONY a sincerarse.)

Pero, ¿hay algo que te merezca a ti respeto?

TONY. — (Harto.) Sí. La gente que sabe callarse alguna vez en alguna parte.(De nuevo a ALICIA, rápido.) ¿Así que la pobre niña ha visto sus ideales pisoteados y ha empezado a sentir cómo se tambaleaba el ídolo? ¿No es algo así lo que has dicho? Pues permíteme que me ría. Si hubieran venido a contarte que había asaltado un Banco, o que había cosido a puñaladas a un ciudadano, me habrías ayudado a esconderme, y luego te habrías escapado conmigo, pero habiendo una cama de por medio, entonces ya, ¡anatema! ¡Mis ideales, profanan mis ideales! (NACHO se ha vuelto a sentar, le escucha con profundo interés.) ¿Cuáles son exactamente tus ideales, guapa? ¿Parecidos a los de tu cuñado, por un casual?

NACHO. — (Mira buscando a LORENZO, y comprueba que se ha ido.) No está. Como comprenderás, el suyo no es un carácter como para quedarse a oír el brillante epílogo que le estás dando al asunto. A mí, en cambio, me está interesando muchísimo. Dime una cosa (Sabiendo qué es exactamente lo que TONY siente.)

¿Por qué no le dices a tu mujer que estás hecho polvo, y que lo sientes?

PEPE. —(Que ha comprendido el juego de NACHO y se decide a seguirlo) ¡No! Es superior a sus fuerzas. Esto es muy de Tony. Cuando se siente a disgusto consigo mismo, reacciona en contra de los demás y nos insulta.

NACHO. —Sí, es una actitud frecuente en...

TONY. — (Estallando, con los nervios deshechos.) ¡Que os calléis ya! ¡ A ver si os enteráis de una vez que esto no es un coloquio! ¿Qué pasa? ¿Que me queréis oír? Pues os voy a dar gusto. Me vais a oír. Yo no fui a La Coruña a ver a Pili. Fui a ver a Lorenzo. A pedirle un favor. (ALICIA levanta los ojos, extrañada.) ¿Te extraña, verdad? Pues no te extrañe. Me costó mucho trabajo, desde luego, pero lo hice. Me ofrecían la oportunidad de entrar como socio en Las Carrozas. Pero había que poner un dinero... Yo sabía que Lorenzo tenía unos ahorros y que estaba buscando dónde invertirlos, así que hice de tripas corazón y le escribí. Me contestó que no veía el negocio muy claro y que quería saber más detalles. Le puse una conferencia para darle todos los que necesitara, y me dijo que "así, por teléfono..." Total, que me hizo ir a La Coruña. No me recibió en su casa, por supuesto. Me recibió en su despacho, después de una antesala de media hora. Todo para decirme que si él quisiera exponer su dinero en un club nocturno, no me necesitaría a mí de intermediario. Luego me explicó lo absurda e insegura que era mi vida, y me despidió dándome palmaditas en la espalda, y asegurándome que guardaría silencio sobre mi visita. Como si yo hubiera ido a proponerle algo vergonzoso. Palabra de honor que sólo en aquel momento me di cuenta de que Lorenzo no había tenido nunca la menor intención de echarme una mano. Lo que él me quería echar era un sermón, y yo le había dado todas las facilidades. Fue entonces cuando entré en un teléfono público y llamé a Pili. (Revolviéndose contra un posible ataque que ninguno de los otros tres inicia siquiera.) ¡Ya sé que no es una reacción muy loable! ¡No pretendo que os lo parezca!... Sólo quiero contar cómo fueron las cosas. Le dije que había ido sólo por verla. Ella pudo no bajar, ¿no? Pudo mandarme a paseo y no bajar. Pues bajó... En realidad, yo ya sabía que bajaría. Hace tres años que estoy viendo a Pili ponerme ojos tiernos. Hace tres años que sé que toda su honorabilidad no es más que fachada. ¿Qué? ¿Que no es muy bonito aprovecharse de eso? Bueno, pues no. No es muy bonito. Pero yo lo hice. Todo lo que quería era que Lorenzo se enterase, para demostrarle que la vida insegura y absurda era la suya; pero me bastó muy poco tiempo para comprender que yo era capaz de cualquier animalada en un arrebato y no de una canallada en frío, como la mayoría de la gente... (A ALICIA.) Hace dos días que volví a Madrid, pero no vine a verte. Estaba muerto de asco. Asco por Pili, asco por Lorenzo...  Y asco por mí. (A NACHO, costándole mucho trabajo.) ¡Sobre todo por mí, efectivamente! (De nuevo a ALICIAJ Te lo hubiera contado, pero más adelante, dentro de unos días tal vez. (Con evidente ingenuidad que hace sonreír a NACHO.) Nunca pensé que Pili se presentase aquí y armase este "show". (Recordando lo que ella ha dicho, volviendo a irritarse.) ¡Y nunca creí que tú fueses a salirme con que te había decepcionado! ¡Decepcionado! Yo me decepciono a mí mismo todos los días de Dios, ¿me oyes? ¡Todos los días de Dios! Y me tengo que aguantar. (Esta frase, es en realidad, todo lo que TONY está queriendo decir con rodeos durante todo su discurso, éste es su estado de ánimo.) ¿Qué te crees? ¿Que eres la única en tener la cabeza hecha un lío? Yo la tengo hecha un lío desde que tuve uso de razón. Yo también me desespero cuando hago lo contrario de todo lo que digo, sin poder evitarlo. Cuando viene algún imbécil y me dice: "¡Qué gracioso!, tú mucho meterte con la sociedad de consumo, pero lo primero que has hecho es comprarte un coche a plazos", yo le contesto lo que sea, para que se calle, pero me quedo pensando que es verdad lo que ha dicho, y preguntándome por qué no podré pasarme sin el coche. Y cuando me reprochan que se me llene la boca de paz mientras me salen chispas por los ojos en cuanto me llevan la contraria, yo contesto con una patada para ilustrar mi pacifismo, pero luego me paso tres días dándome contra las paredes, solo en mi casa, y gritando que, a pesar de todo, lo bueno es la paz, ¡a pesar de mí mismo, lo bueno es la paz! Y así con todo. No es tan sencillo querer cambiar el mundo. Y lo más difícil de todo es cambiarse uno mismo. (De nuevo directamente a ALICIA.) Y si crees que voy a renunciar sólo porque lleve una semana dándome asco, si crees que voy a renunciar porque en estos momentos te esté dando asco a ti, estás lista. Volveré a empezar desde el principio, y si tú quieres empezar conmigo, muy bien. Y si no quieres, pues..., ¡pues muy mal, pero allá tú! Era todo esto lo que querías hacerme decir, ¿no, mestizo? Pues se me acabó la cuerda. Ya no hay más.

PILI. —(Que ha aparecido hace unos instantes en la puerta de la habitación, de nuevo vestida de viaje y con la maleta lista, y que estaba esperando una pausa para intervenir.) ¿Interrumpo?... En todo caso, voy a interrumpir poquísimo, sólo quiero pedir un taxi. (Se acerca al teléfono, pero NACHO, solícito, le impide llamar.)

NACHO. — No hace falta. Yo puedo llevarte hasta tu hotel. Si me lo permites, claro... Porque supongo que irás a un hotel.

PILI. — Supones muy bien. Y no sólo te lo permito, sino que te lo agradezco. (Haciendo acopio de sus últimas fuerzas para mantener el tipo a base de descaro.) Buenas noches a todos. Hasta que nos veamos en casa de mamá, en algunas Navidades. No sé si en las próximas o en las siguientes, pero alguna caerá, ya lo veréis. Uno siempre acaba reuniéndose con la familia en Navidades.

TONY. —Márchate ya y no demuestres más tu...

PILI. — (Interrumpiéndole, dura.) Te recuerdo que si hay en el mundo alguien que no tenga derecho a levantarme la voz, ése eres tú.

TONY. —(Cambiando de tono.) Perdona.

(La máscara de PILI se derrumba. Por unos segundos, la vemos tal como es, sin pose, sin cinismo, sin nada que la sostenga. Se queda mirando a TONY, que no la mira, con la expresión de sus verdaderos sentimientos. Por primera vez comprendemos hasta qué punto TONY le importa realmente. PILI es la única víctima auténtica del pequeño drama, y es así como tiene que aparecer en estos momentos. Está a punto de decir algo, pero reacciona a tiempo, recobrándose, y se vuelve hacia NACHO)

PILI. —¿Vamos? (NACHO, galante, coge la maleta de PILI, le hace una indinación de cabeza y la deja pasar primero. PILI sale.)

NACHO. —(En la puerta. A punto de salir él también.) Bueno, supongo que mañana querréis dormir, ¿no? Yo, desde luego sí querré, así que pasado mañana, a las diez en punto, os espero en mi despacho para la firma del contrato. (A PEPEJ Procura abrigarte el cuello y cerrar la boquita ahora al salir, que tú ya no te perteneces a ti mismo.(A ALICIA.) Señora, ha sido un píacer.(Sonríe.) Y esta vez lo digo de corazón. Espero que volvamos a vernos pronto.(A TONYJ Y tú, ya sabes. Pasado mañana, a las diez. (Fiel a sí mismo, NACHO no quiere marcharse sin decir la frase oportuna.)

Por cierto, quiero decirte algo que no te he dicho en toda la noche y que, en cierto modo, te debo: Eres un gran compositor, Tony. (TONY le mira. Sabe que hay mucho más detrás de esa frase.) De veras. En mi opinión llegarás muy lejos, pero me gustaría darte un consejo. (Le guiña un ojo.) Olvida los tambores  […]»

 

Autores
Diosdado, Ana
(1938 - 2015)
Fecha
1970
Notas
Texto leído en el Día de las Escritoras 2025