Historiador, arabista y numismático, Francisco Codera y Zaidín nació en Fonz (Huesca) el día 23 de junio de 1836.
Conocido como P. Montaña, nació en Santa María de Miudes (Asturias) el 8 de marzo de 1842.
Nace en La Habana en 1844, pero cuando solo cuenta con un año su familia regresa a España. Pasa su infancia en Cádiz, donde cursará estudios Filosofía, y completa su formación en Sevilla, licenciándose en Derecho y Administración, aunque desde muy temprana edad muestra su inclinación por la literatura y la historia.
Periodista, político y escritor madrileño, nació el 7 de mayo de 1844. Estudió Derecho en la Universidad Central de Madrid, licenciándose en 1867. Fue Secretario de la Academia de Jurisprudencia y Legislación (1869) y más tarde agente de Cambio y Bolsa.
Controvertido humanista y en muchos casos desconocido polígrafo escritor vasco. Escribió sobre asuntos distintos, tanto jurídicos, económicos, literarios o históricos, además de poesía.
El madrileño Francisco Asenjo Barbieri inició su formación musical en el Teatro de la Cruz de la mano de José Ordóñez Mayorito
Ángela Figuera Aymerich es una de las poetas más destacadas de la segunda mitad del siglo XX español
Autor polifacético, fue historiador del arte, arqueólogo, pintor y escultor. Narciso Sentenach y Cabañas nació en Soria en 1853, aunque pasó su infancia y juventud en Córdoba y Sevilla.
Catedrático de derecho, rector de la Universidad de Oviedo y escritor asturianista, Fermín Canella y Secades nació en Oviedo (Asturias) el 7 de julio de 1849.
Promotor cultural nacido en Valladolid, la rama materna de su familia se había dedicado tradicionalmente a la banca, mientras que por el lado paterno pertenecía a una saga de raigambre militar.
Historiador y poeta, nació en Sevilla en 1901. Estudió dos carreras casi al mismo tiempo: Filosofía y Letras (Sección Historia), donde tuvo como profesor a Pedro Salinas, y Derecho, que no llegó a terminar.
Pedagoga, filóloga e historiadora, nació el 31 de agosto de 1873 en Madrid. Hija de Amalia Goyri, una mujer soltera, razón por la cual la niña recibió solamente el apellido materno.