Beato de Liébana. La fortuna del Códice de Fernando I y Sancha

Exposición
Beato de Liébana. La fortuna del Códice de Fernando I y Sancha
Imagen
Beato de Liébana: códice de Fernando I y Dña. Sancha Fols. 268v-269r
Aforo
15 personas. Reservas visitas individuales: 10

La Biblioteca Nacional de España atesora uno de los Beatos más célebres de los aproximadamente cuarenta ejemplares que, entre códices y fragmentos, hemos conservado de la Edad Media. Con el nombre de “Beatos” se conoce un corpus de copias manuscritas del Comentario al Apocalipsis que a finales del siglo VIII realizó Beato de Liébana. Este ejemplar de la BNE recibe el nombre de sus promotores, Fernando I y Sancha. Los monarcas son mencionados en el colofón (fol. 316r) –donde se designa también la fecha del Beato (1047)– y nuevamente en el laberinto (fol. 7r). El de Fernando I y Sancha es uno de los pocos Beatos de encargo regio, y su factura material y riqueza artística dan cuenta de una cuidada realización.

El manuscrito está custodiado en la BNE desde los orígenes de esta institución. La signatura que lo identifica (Vitr/14-2), evoca que una vez estuvo en la sala de manuscritos de la actual Sede de Recoletos tras una vitrina: allí se guardaban y exhibían los códices más valiosos. Actualmente se encuentra bajo estrictas medidas de conservación. Accesible solo a investigadores, su digitalización en la Biblioteca Digital Hispánica y su copia facsimilar permiten el acceso al ejemplar y su disfrute. Convertir este Beato en eje cardinal de esta exposición consigue acercar al público al manuscrito original. El objetivo de la muestra es bucear entre sus folios para descubrir una de las obras artísticas más fascinantes de la Alta Edad Media, protagonista, además, de una parte fundamental de la historia del libro medieval iluminado.

Como cualquier bien cultural, el manuscrito del Beato de Fernando I y Sancha no es solo aquello que fue en su origen. El paso de la historia y las manos de los que lo consultaron son responsables de sus modificaciones y, especialmente, del valor que hoy le asignamos. Las marcas dejadas en él y a las fuentes documentales que lo referencian revelan la constante atención que despertó a lo largo de los siglos; la reconstrucción de su biografía descubre una azarosa vida desde que fuera ejecutado en un scriptorium regio leonés, para el monasterio San Juan Bautista de León (actual San Isidoro de León).

Aún estaba allí cuando en 1572 pasó Ambrosio de Morales quien, por encargo de Felipe II, realizaba un viaje de estudio por los reinos de León, Galicia y Asturias. A Morales le debemos el renacer del interés por los Beatos y la atribución de la autoría a Beato de Liébana. La obra le pareció “dignísima de andar impresa” (Viage [sic]…, 1765), y pronto el códice inició su periplo: de León a Madrid, Toledo, Plasencia (Cáceres) y Mondéjar (Guadalajara). Gaspar Ibáñez de Segovia, marqués de Mondéjar (1628-1708), fue su último propietario. Su biblioteca fue incautada por Felipe V durante la guerra de Sucesión, pasando así el Beato de Fernando I y Sancha a la Biblioteca Real, germen de los fondos librarios de la actual Biblioteca Nacional de España.

En el siglo XVIII, Juan de Ferreras (1652-1735), bibliotecario mayor, realizó una copia manuscrita del Beato de Fernando I y Sancha. Esta también se conserva en la BNE (Mss/4031), y en su cotejo con el ejemplar medieval resulta sorprendentemente distinta: Ferreras prescindió de las imágenes. Su objetivo sería muy probablemente el de llevar a la imprenta el Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana. Por entonces, la aproximación académica al manuscrito medieval priorizaba el texto sobre las iluminaciones. Además, las que incluía el Beato de Fernando I y Sancha resultaban excesivamente extrañas, como se desprende del comentario del pintor Antonio Palomino (1653-1726), quien las tachó de “cosa tan indigna, y abominable en el arte, que no se pueden mirar sin risa, ó [sic] sin desprecio” (El Museo Pictórico…, 1715-1724).

Con su llegada a Madrid, el viaje del Beato de Fernando I y Sancha no había culminado; aún le esperaba el más dramático de su historia. Durante la guerra civil española, gran parte del tesoro artístico fue evacuado de los museos y bibliotecas para protegerlo de los bombardeos de los que la Biblioteca Nacional de España fue también víctima. Wenceslao Roces, Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública, dispuso que bajo la dirección y custodia del Director de la Biblioteca Nacional, Tomás Navarro Tomás (1936-1939), se trasladaran a Valencia “los fondos que se consideren más indicados para ser objeto de esta medida”. Julián Paz y Espeso, Jefe de la Sección de Manuscritos, fue el encargado de seleccionar los códices que encontrarían su salvaguarda fuera de la capital. Se evacuaron un total de 5.349 volúmenes en cajas. El Beato de Fernando I y Sancha lo hizo en la caja n.º 54, el Día de Navidad de 1936. El desarrollo de la guerra forzó al Gobierno de la República a seguir trasladando el tesoro artístico español, hasta su exilio. En 1939, al término de la contienda, las obras regresaron y, entre ellas, el Beato de Fernando I y Sancha a la BNE.

Para entonces, la obra era vista con otros ojos. El llamado “giro icónico” que desde el ámbito académico se había producido hacia el libro medieval supuso la revalorización del aparato visual de los manuscritos iluminados. En el contexto español alcanzaron protagonismo los Beatos. Ejemplares altomedievales como el Beato que protagoniza esta exposición fueron vistos como señas de identidad de la cultura y el arte nacionales. Hoy los Beatos han trascendido toda frontera. En 2015, la UNESCO incluyó los Beatos conservados en España y Portugal en el registro de la Memoria del Mundo.

 

Comisaria

Sandra Sáenz-López Pérez