La prensa valiente que inspiró la Constitución de 1978 y que conserva la BNE

La prensa valiente que inspiró la Constitución de 1978 y que conserva la BNE
3 de Diciembre, 2021

Quien quiera conocer cómo fue posible que España pasara de la dictadura a la democracia en una transición que fue considerada modélica por el resto del mundo encontrará la respuesta leyendo la prensa que se publicaba en los años anteriores a la muerte del general Franco en 1975. Sobre todo leyendo las revistas de opinión que, más que los periódicos, fueron familiarizando a los españoles con conceptos como libertades públicas, reconciliación nacional, pluralismo político, imperio de la ley, libertad de expresión y, en general, el catálogo de derechos que luego quedarían plasmados en la Constitución de 1978.

 

 

Revistas como Cuadernos para el Diálogo, Triunfo, Destino y otras muchas fueron la avanzadilla de la democracia en unos años en que los periodistas y los empresarios de los medios arriesgaban su libertad personal y su patrimonio si osaban pasarse de la raya. La BNE conserva estas publicaciones como un testimonio excepcional de lo arriesgado que podía ser entonces algo tan elemental hoy para nosotros como decir lo que se piensa en el ámbito de la vida pública.

 

 

El Régimen de Franco abrió la mano en la política informativa con la llamada Ley Prensa de 1966, impulsada por un joven Manuel Fraga como ministro de Información y Turismo. Se trataba de adecuar lo que se podía decir a una España que buscaba acercarse a la Comunidad Económica Europea, recibía en sus playas a millones de europeos cada verano y había comenzado su desarrollo económico acompañado de profundos cambios sociales y de costumbres. Unos jóvenes que no habían conocido la Guerra Civil imponían sus gustos y su moda: la música pop, los cineclubs, el pelo largo y la minifalda no armonizaban bien con la censura previa y las consignas de propaganda gubernamentales. Además, la Iglesia, totalmente comprometida con el bando vencedor de la guerra, comenzaba a tomar distancia a raíz de la profunda renovación doctrinal que supuso el Concilio Vaticano II.

 

 

Con la nueva ley de Prensa se optaba por lo que se conoció como aperturismo, algo de lo que no disfrutarían la radio y la televisión, medios de masas que seguirían bajo estricto control informativo y de opinión. Pero en los periódicos no habría más lápiz rojo tachando párrafos o artículos enteros antes de que se distribuyesen en los kioscos. Serían los propios periodistas quienes se autocensurasen sabiendo que si osaban hablar de ciertos temas considerados tabú recibirían una multa y el número de la publicación podría ser secuestrado. La sanción máxima era la suspensión durante cuatro meses, lo que podía hundir económicamente al medio.

 

 

En general, la prensa diaria siguió siendo sumisa y acomodaticia casi hasta el final del franquismo. Las reuniones privadas o las llamadas telefónicas de presión eran suficientes para que los periódicos bajaran el tono. Hubo algunas excepciones, como cuando nada más aprobarse la ley ABC publicó el artículo La monarquía de todos de Luis María Anson llamando a la reconciliación nacional bajo la monarquía de don Juan de Borbón, artículo que le costó una sanción.

 

 

El diario Madrid, que ha pasado a la historia del periodismo español más digno, vivió una existencia de cinco años jalonados de problemas con el Gobierno hasta que éste forzó su cierre en 1971.

 

 

El alma del diario, Rafael Calvo Serer, publicó el 30 de mayo de 1968 un artículo titulado Retirarse a tiempo: No al general De Gaulle, criticando el gobierno excesivamente personal del mandatario francés que había llenado de adoquines las calles de París. Con esta coartada, el articulista hacía un paralelismo con la situación española sugiriendo que Franco debía retirarse para que la democracia pudiera llegar a España. Esto era demasiado y el periódico recibió la máxima sanción prevista en la ley: multa de 250.000 pesetas y cuatro meses de suspensión.

 

 

La democracia (Hemeroteca digital)

 

 

Aunque tuvo consecuencias contrarias a las deseadas, el artículo de Calvo Serer tiene el aroma épico de esos obuses periodísticos como los que en su tiempo publicaron Emilio Castelar (El Rasgo, en La Democracia) y Ortega y Gasset (El error Berenguer en El Sol) que contribuyeron a derribar los tronos de Isabel II y Alfonso XIII, respectivamente.

 

 

El ‘reinado’ de Franco parecía mucho más firme que los de esos reyes y otro medio que lo sufrió fue la Agencia de noticias Europa Press, dirigida por Antonio Herrero Losada y sancionada en múltiples ocasiones por difundir noticias sobre huelgas obreras y manifestaciones de estudiantes o por reflejar lo que alegaban los abogados defensores en los juicios contra los sindicalistas de Comisiones Obreras ante el Tribunal de Orden Público. En la Agencia se recibían constantes llamadas de amonestación del Ministerio de Información cuando los redactores escribían ‘el general Franco’ y no ‘el Caudillo’ o ‘el Generalísimo’.

 

 

La presión, también de índole económica, lo que hacía temer el cierre, llegó a ser tan fuerte que en 1969 el máximo responsable de la Agencia, Francisco Martín Fernández de Heredia, pidió una audiencia con Franco para resolver de una vez la situación. Tremenda la experiencia que vivió este empresario de profundas convicciones religiosas ante el hombre cuya voluntad lo era todo en aquella España. Sentado frente a él, le dijo que lo encarcelara si lo consideraba un obstáculo pero que se dejara a la plantilla de Europa Press trabajar en paz. Franco lo miró unos segundos por encima de las gafas y dio por concluida la audiencia sin mediar palabra ¡La Agencia se había salvado![1]

 

 

Pero la osadía del diario Madrid y de la Agencia Europa Press no fueron lo corriente en los periódicos sino en las revistas de opinión, que se vieron perseguidas con expedientes administrativos y sentencias condenatorias hasta la muerte del dictador.

 

 

Cuadernos para el diálogo. (Hemeroteca digital)

 

 

Cuadernos para el Diálogo, creada en 1963 por el ex ministro franquista de Educación Joaquín Ruiz Giménez, fue un medio modélico de la democracia cristiana, de gran altura intelectual, donde se abogaba por restañar las heridas de la Guerra Civil y una reforma política pactada. Su influencia fue tan notoria que hasta 150 parlamentarios de las primeras Cortes democráticas de 1977 habían estado de una manera u otra vinculados a la revista, además de escritores como Jorge Guillén y Juan Goytisolo.

 

 

Entre 1963 y 1973, siete números fueron secuestrados y 150 artículos censurados. Una de las sanciones fue motivada por la publicación en marzo de 1969 de un artículo en el que se denunciaba la prohibición de editar libros impuesta a un gran número de pequeñas editoriales, con lo que se cercenaba abruptamente el panorama cultural español.

 

 

El semanario Triunfo, plataforma cultural de la izquierda y otro de los grandes referentes democráticos de la época, recibió la máxima sanción por un número especial publicado el 24 de abril de 1971 dedicado a la crisis del matrimonio que fue considerado atentatorio contra la moral pública. La ex jueza y ex alcaldesa de Madrid Manuela Carmena colaboró en el número abogando por el matrimonio civil.

 

 

Se podían producir situaciones chuscas, como que los censores del Ministerio interpretaran que en un reportaje de 1972 sobre una concentración mariana en El Retiro se había ridiculizado a la religión católica mientras que obispos y teólogos negaran que la revista hubiese incurrido en ofensa alguna. En Triunfo colaboraron entre otros Manuel Vázquez Montalbán, Luis Carandell y Manuel Vicent.

 

 

La revista Destino, nacida en Burgos como falangista en plena Guerra Civil, acabó siendo editada en Barcelona con una línea editorial muy crítica con el Gobierno y con la colaboración de escritores como Tereci Moix, Baltasar Porcel y Alberto Vázquez-Figueroa. Se distinguió por su defensa de los estudiantes y sus críticas al rector de la Universidad de Barcelona, así como por su vigorosa defensa de la lengua catalana, lo que le costó el puesto a su director, Néstor Luján.

 

 

El 28 de agosto de 1975, muy poco antes de la muerte de Franco, la revista fue secuestrada debido a un artículo sobre terrorismo firmado por Miquel Roca, quien sería luego uno de los ‘padres de la Constitución’.

 

 

Sábado Gráfico, semanario nacido en 1956, se caracterizó en los últimos años del franquismo por sus portadas con mujeres ligeras de ropa, antes de que el destape llegara a ser más explícito con revistas como Interviú, nacida en 1976 y uno de los grandes éxitos editoriales de la época.

 

 

El año de 1970 fue el peor para Sábado Gráfico, que ya había sido expedientada en numerosas ocasiones. Ese año la revista fue sancionada por publicar imágenes de dos mujeres bailando un tango, fotogramas de la película El conformista de Bernardo Bertolucci. La sanción fue ratificada más tarde por el Tribunal Supremo al considerar que las fotos suponían una alusión a la homosexualidad femenina.

 

 

La Gaceta Universitaria fue un quincenal, editado primero en Pamplona y luego en Madrid, especialmente perseguido por su defensa de los profesores y estudiantes que abogaban por la autonomía universitaria y la defensa de las libertades de reunión y asociación. La mayor multa la recibió en enero de 1972 por una entrevista al profesor de Derecho Constitucional Raúl Morodo con el titular: El país tiene necesidad imperativa de la democracia.

 

 

Asombra, por otra parte, el gran número de publicaciones vinculadas a la Iglesia que sufrieron los rigores de la censura de un Régimen que hacía bandera del catolicismo. Así, Juventud Obrera y Signo, de Acción Católica, El Boletín del sindicato católico HOAC, Serra D’Or, de la Abadía de Montserrat, o Dichos y Hechos, de la Compañía de Jesús.

 

 

En el caso de Juventud Obrera, su número dedicado al 1º de Mayo de 1966 acabó con ella, pues fueron secuestrados los 40.000 ejemplares y no se pudo reponer económicamente del golpe. La revista, como un buen número de obispos, eran contrarios a la falta de libertad sindical. En cuanto a Hechos y Dichos, recibió una multa de 100.000 pesetas el 5 de marzo de 1971 por haber apoyado a los obispos vascos que pidieron un juicio justo para los miembros de ETA juzgados en el llamado proceso de Burgos.[2]

 

 

Una vez muerto Franco y hasta la elección de las primeras Cortes Democráticas en 1977, la persecución contra la prensa continuó aunque no con la virulencia de antes. Uno de los casos más sonados fue la suspensión que sufrió en junio de 1976 Cambio 16, la revista de más tirada del momento, por informar del viaje del Rey don Juan Carlos a Estados Unidos presentándolo como un viaje en busca de apoyo para deshacerse del presidente del Gobierno Arias Navarro, poco antes de que fuera nombrado Adolfo Suárez y se iniciara la Transición.

 

 

Son muchas más las revistas de aquella época caracterizada por la falta de libertad de expresión que se pueden consultar en la BNE: Ínsula, La Actualidad Española, Nuestro Tiempo, Desarrollo, Gentleman, Posible, Cuadernos de Ruedo Ibérico, El Ciervo, revista ésta última nacida en 1951 y que aún se sigue publicando. Es una de las pocas excepciones porque la mayoría de estas publicaciones fenecieron cuando se consolidó la democracia.

 

 

Hojear estas revistas en la Biblioteca, respirar su inconfundible aroma de papel viejo, es pasearse por un periodo de nuestra Historia rebosante de ilusión por la España nueva que se vislumbraba. Esa prensa valiente sirvió de inspiración a los redactores de la Constitución de 1978.

 

 

 

 

Los datos incluidos en el este post han sido extraídos de las obras de los siguientes autores:

 

 

[1] Frías Alonso, Jesús. De Europa a Europa: 30 años de historia vividos desde la noticia. Ediciones Palabra, Madrid

 

 

[2] Martín de la Guardia, Ricardo (2008): Cuestión de tijeras: la censura en la transición a la democracia. Editorial Síntesis, Madrid

 

 

Francisco Fuentes, Juan y Fernández Sebastián, Javier. Historia del periodismo español: prensa, política y opinión pública en la España contemporánea. Editorial Síntesis, Madrid

 

 

Seoane, María Cruz y Saiz, María Dolores. Cuatro siglos de periodismo en España. De los avisos a los periódicos digitales. Alianza Editorial, Madrid

 

 

 

Comentarios

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Sonia

Me ha encantado este artículo. ¡Muchas felicidades al autor!

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Marisa

Un artículo muy interesante, y que me ha transportado a los depósitos de revistas y prensa en Alcalá. Enhorabuena Antonio!

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