Mallo, Maruja

Mallo, Maruja

1902
1995
Lugar de nacimiento
Vivero (Lugo)
Lugar de fallecimiento
Madrid
Categorías
  • Artistas plásticos

Pintora e ilustradora nacida en Vivero (Lugo), pasó su infancia en diversas ciudades de la costa gallega, destinos laborales de su padre, inspector de aduanas, donde conoció personas y paisajes que la marcarían de por vida. En estos primeros años ya demostró una enorme curiosidad que plasmó en sus dibujos. En 1913 la familia se instaló en Avilés, donde pasó diez años y se formó en la Escuela de Artes y Oficios, institución en la que también estudió su hermano Cristino, quien llegaría a ser un reconocido escultor.

Aprendiendo en Madrid

En 1922 se mudaron a Madrid y se matriculó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde conoció a Francis Bartolozzi y entabló una gran afinidad con Salvador Dalí, formando parte de la pandilla de amigos de la Residencia de Estudiantes que también incluía a Buñuel y Lorca. Durante estos años inició su profundo conocimiento de Madrid, desde sus verbenas más populares a los salones más encopetados.

En 1923 participó en la Exposición Regional Gallega, todavía con obras academicistas. Dos años después la Exposición de Artistas Ibéricos abrió el camino de las vanguardias en Madrid. Este ambiente rupturista y libre marcó tanto su arte como su forma de vida. Ella y su amiga Margarita Manso fueron las primeras mujeres en salir a la calle sin sombrero, lo que les costó ser apedreadas, pero no amedrentadas. También fueron fundamentales en estos años las figuras de los poetas Concha Méndez y Rafael Alberti, con quien vivió un tormentoso romance que terminó abruptamente. Aunque ambos tardarían décadas en volver a hablar del asunto, esta relación fue fundamental para los dos.

Mujer: protagonista por derecho propio

1927 sería un año importante en su vida. Fue entonces cuando viajó a Canarias, cuyo paisaje fue un auténtico descubrimiento. A partir de entonces su obra estuvo marcada por la figura de la mujer, que no es una musa ni un objeto de admiración, sino la protagonista por derecho propio. Su estilo estuvo caracterizado por la introducción de elementos vanguardistas, toques esotéricos, dinamismo y gran modernidad, una mezcla que se compendió como realismo mágico.

También en 1927 realizó su primera exposición en Madrid, en las oficinas de la Revista de Occidente, que tan importante será en su carrera, a través de su relación con Ortega y Gasset, quien por una vez apartó su misoginia y reconoció el valor de esta representante del arte nuevo. Por otra parte, Giménez Caballero le dio la oportunidad de publicar sus ilustraciones en La Gaceta Literaria, acompañando algunos poemas de Alberti. La ruptura con este y un brutal accidente de coche en 1929 dieron a su obra un toque sombrío que además se vio afectado por su relación con la Escuela de Vallecas, especialmente por la influencia de Benjamín Palencia.

En 1930 una exposición en San Sebastián reunió sus obras junto a otras de Picasso, Juan Gris o Miró, siendo ella la única mujer representada. Un año después dio inicio su publicación regular en la Revista de Occidente y obtuvo una beca para ir a París con el fin de estudiar escenografía. Allí se aproximó al grupo surrealista y su obra tuvo una gran acogida. En 1933, tras la muerte de su padre, obtuvo una Cátedra de Dibujo para ganarse la vida y tuvo que trasladarse a Arévalo, donde sus extravagancias, como pasearse en bici por la iglesia en plena misa, no fueron bien recibidas.

En 1934 volvió a Madrid para impartir clases en el Instituto Escuela. Cada vez más implicada políticamente, se situó bajo el tutelaje de María Zambrano. Otro encuentro fundamental fue con Miguel Hernández, con quien entabló una relación íntima y una influencia mutua, como queda patente en los versos que el poeta le dedicó en El rayo que no cesa (1936).

Por América

En 1936 celebró una exposición individual y en verano se fue con las Misiones Pedagógicas a Galicia, donde le sorprendió el estallido de la Guerra Civil. Oculta en Vigo durante meses, en 1937 recibió una invitación para ir a Buenos Aires que permitió que saliera del país. Allí fue recibida con los brazos abiertos: pronto se montó una exposición, colaboró en la revista Sur y realizó escenografías. Además, en 1939 y 1942 la editorial Losada publicó sendos libros con reproducciones de su obra, incluyendo una elogiosa reseña de Ramón Gómez de la Serna, quien siempre fue uno de sus principales valedores.

Conocida por sus paisajes y sus cabezas de mujeres, en Argentina obtuvo una gran resonancia como muralista, destacando su trabajo en el cine Los Ángeles. También viajó por toda América Latina, especialmente por Chile y Uruguay, y en 1947 celebró una exposición retrospectiva en Nueva York. Sin embargo, en los 50 su obra empezó a espaciarse. Ante el fracaso sucesivo de dos exposiciones, en 1961 regresó a España, pero aquí también sufrió un revés.

Regreso triunfal

Tras varios viajes de ida y vuelta, en 1965 se instaló definitivamente en Madrid. Poco a poco volvió a introducirse en el mundillo del arte a través de exposiciones colectivas y en la segunda mitad de los 70 se convirtió en un personaje famoso por su peculiar estilo tanto personal como pictórico. En 1979 se celebró en Madrid una exposición en homenaje a la Revista de Occidente que supuso su regreso triunfal. Reivindicada por artistas de “la movida”, recibió múltiples reconocimientos y sus apariciones públicas eran frecuentes. En 1982 recibió la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

Pasados los 80 años y con su salud ya deteriorada, ingresó en un centro geriátrico. Perdida en su mundo de recuerdos y fantasías, cumplidos los 90 siguió recibiendo homenajes, como la muestra que inauguró el Centro Gallego de Arte Contemporáneo de Santiago de Compostela en 1993, y que también viajó a Buenos Aires. Convertida en un personaje legendario, con una vida en la que las anécdotas y los personajes a los que conoció pesaban quizá más que su propia obra, falleció en Madrid en 1995.

(Servicio de Información Bibliográfica)

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Cronología

1902

Nace en Vivero (Lugo) el 5 de enero

1922

Se muda a Madrid y se matricula en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

1927

Viaja a Canarias y expone en la Revista de Occidente

1937

Tras el estallido de la Guerra Civil, se exilia en Buenos Aires

1947

Exposición retrospectiva en Nueva York

1982

Recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes

1995

Fallece en Madrid el 6 de febrero

1913

Se instala en Avilés, donde pasa su adolescencia

1923

Participa en la Exposición Regional Gallega

1930

Exposición en San Sebastián junto a Picasso, Juan Gris o Miró

1939
1965

Vuelve a vivir en Madrid

1993

Inaugura el Centro Gallego de Arte Contemporáneo