En 1903 regresaron a Madrid, ciudad en ebullición en la que convivían géneros musicales autóctonos como la zarzuela con estilos llegados del extranjero, como el cuplé, el tango y el jazz.
Su padre detectó en ella un don natural y la inscribió en clases de baile. Todavía niña, actuaba en fiestas privadas y con ocho años debutó en el Teatro-Circo de San Sebastián junto a la mítica cupletista La Fornarina. Fue entonces cuando recibió el nombre artístico de La Argentinita, en homenaje a la bailarina Antonia Mercé, La Argentina. Con 10 años ese nombre ya aparece en carteles que anuncia su gira por toda España; y con 13 es contratada por el Teatro Romea, uno de los más importantes de Madrid. En poco tiempo se ha convertido en una de las estrellas más populares del país y se codea con Pastora Imperio o Raquel Meller, es admirada por autores como los Álvarez Quintero y es recibida con entusiasmo cuando vuelve a Argentina.
Primeros éxitos profesionales
En esta época las mujeres adquirieron un protagonismo inédito en el mundo del espectáculo y La Argentinita fue una de las que más brilló. En 1919 participó en la película Flor de otoño, hoy perdida, y poco después comenzó a trabajar con la compañía de Gregorio Martínez Sierra y María Lejárraga, punta de lanza del moderno teatro español a través de sus montajes en el Eslava. En sus obras, además de bailar y cantar, también declamaba y empezó a actuar, combinando pureza flamenca y modernidad. Esta colaboración también supuso al paso de La Argentinita del entretenimiento a la alta cultura, dos mundos que siempre supo transitar con naturalidad.
En 1920 estrenó El maleficio de la mariposa, primera obra de García Lorca, que fue un fracaso estrepitoso, pero del que se salvó su actuación. Además, supuso el inicio de una larga y fructífera amistad entre ambos artistas. A través de Lorca, entró en contacto con los miembros de la Residencia de Estudiantes y comenzó a interesarse por la historia de la danza. Por otra parte, ese mismo año murió Joselito, el mejor torero de la época, con quien se le atribuyó una relación sentimental. Para alejarse del revuelo, se marchó a América, de donde volvió en 1922 convertida en una de las artistas mejor pagadas de la época, e inició una relación con el torero e intelectual Ignacio Sánchez Mejías, casado con la hermana de Joselito.
Ante tanta atención, en muchos casos no deseada, y tras la muerte de sus padres, a mediados de los años 20 se alejó del foco. Reapareció en 1929 con una gran gira que la llevó a Berlín, París y Nueva York, donde fue acompañada por Sánchez Mejías y coincidió con Lorca. En Estados Unidos también rodó la película Galas de la Paramount. En 1931 regresó a España y grabó con Lorca al piano Colección de Canciones Populares Españolas, que tuvo una gran éxito.
Trayectoria artística
En la Línea de La Barraca, los tres «compadres» idearon la creación de la Compañía de Bailes Españoles para llevar la danza por los pueblos de España. Su estreno oficial se produjo en Cádiz el año 1933 con la obra maestra de Falla El amor brujo, con un reparto estelar de artistas flamencos, dirección escénica de Sánchez Mejías y musical de Ernesto Halffter. Además de su baile, La Argentinita aportó importantes innovaciones gracia a una coreografía teatralizada. Se considera esta obra como la entrada de la danza española en la modernidad, hito que situó a Encarna López como una creadora de primera categoría, al nivel de Maruja Mallo o Rosa Chacel en sus respectivas disciplinas.
El éxito de la Compañía continuó con Las calles de Cádiz y Las dos Castillas, que tuvieron un recibimiento apoteósico en el Teatro Español de Madrid. Sin embargo, la euforia se cortó de golpe cuando en agosto de 1934, poco después de volver a los ruedos, un toro mató a Sánchez Mejías. De nuevo decidió alejarse de España y se refugió en el Teatro Colón de Buenos Aires, base desde la que inició una extensa gira por gran parte de América. En julio de 1936 volvió a España con la intención de interpretar Los títeres de la cachiporra, proyecto truncado por el inicio de la Guerra Civil.
Tras participar en numerosos actos benéficos junto a su hermana, Pilar López (otra extraordinaria bailarina y coreógrafa), antes de que terminara el año ambas se fueron al norte de África y más tarde giraron por Francia y varios países europeos, antes de llegar a Estados Unidos en 1938. Allí fue contratada por Sol Hurok, representante de las más grandes estrellas internacionales de la música y la danza. De vuelta a Europa, colaboró con el mítico corógrafo Leonide Massine en Capriccio Español, pero antes de que estallara la guerra regresó de manera definitiva a América.
Pese a sus problemas de salud, sus actuaciones la llevaron a recorrer el continente de norte a sur en varias ocasiones, actuando ante miles de personas y en pequeños locales, como primera figura de los teatros más importantes de Hispanoamérica y de Estados Unidos, integrada en el Ballet Russe de Monte Carlo y también actuando en Hollywood. Uno de los puntos culminantes de su carrera sería el estreno de El Café de Chinitas, una de sus piezas predilectas, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, con decorados de Salvador Dalí.
En agosto de 1945 el avanzado estado de su cáncer de estómago la obligó a cancelar su gira perpetua y unas semanas después murió en Nueva York.
(Servicio de Información Bibliográfica)